nuestra suerte

por una manada en el basural / diciembre 2025

Diez, quince y veinte fuimos.

Retozábamos y nos revolcamos en el pasto seco. A veces, todavía, nos mostrábamos los dientes en arranques fugaces de ira que luego olvidábamos con lamidas.

Soñábamos despiertos con la carne ácida cuando el hambre nos inflaba de aire seco las panzas. Conocimos, por supuesto, la felicidad completa más de una vez. Cuando corríamos entre la noche jadeando y persiguiendo en locura común el mismo rastro. Con la saliva goteando el polvo nos deteníamos a olfatear hasta ubicar todos en el mismo lugar la misma arista del laberinto en nuestros cráneos.

Tuve y tuvimos la gloria de un charco fresco y una liebre herida, de secarnos al sol, estirar la espalda y bostezarle al cielo. De sabernos trote y aullido, saetas de intuición en un viento florido.

Lo hicimos todo y fuimos familia aunque siempre supimos que era esta nuestra suerte. Que nuestro destino sería casi invariablemente el de esa imagen indeleble de nuestros cuerpos tiesos en una zanja y espolvoreados de cal.

Es nuestra suerte la de morir aquí mientras en el desierto de Gobi los pastores tocan el Morin juur para un camello el día de su parto. Afinan las cuerdas de cola de caballo con el timbre del alma de la madre y la acarician para que, con una lágrima en los ojos, ella pueda darle la bienvenida al mundo a su cría y amamantarla.

No es nuestra suerte la de ser acompañadas a parir en paz, ni la de nacer venadas libres en un parque veneradas. Ni el collar de flores ni la esfinge.

Es nuestra suerte que sin nicho ecológico nuestro nicho cultural sea el de fauna nociva de basural a cielo abierto, el de plaga urbana. Desechados con los zopilotes y las palomas y envenenados con las ratas. Es nuestra suerte la de vivir de hambre aquí entre ambas riberas de la piedra negra por donde pasa la muerte rodando. Es nuestra suerte la del miedo, el frío y la sombra.

Y supongo que es, de alguna manera, mi propia suerte en particular la de terminar aquí con cada parte de mi cuerpo embarrada sobre esta ingrata línea recta. La de ladrarle a quien no me teme y no me ama aunque le salude desde el fondo de la noche.

por una manada de perros ferales en el basural // diciembre 2025

y por Guillermo Schoning García

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