Todo el mundo y el aire

Por Guillermo Schoning García  /  febrero de 2024

Foto por Guillermo Schoning. Santa Maria Cuapán 2024

Se acercaba el atardecer en el pueblo de Santa María Coapan, a las afueras de Tehuacán. Mientras nosotros estacionábamos el carro repicaban las campanas de la única iglesia y la gente corría por la calle. En las bocinas de la plaza una voz indiferente repetía la instrucción: a todos los pobladores se les convoca a asistir frente al palacio municipal. Eladio, nuestro contacto aquí, nos saludó desde el balcón y nos dió la bienvenida.

En la sala de juntas para la reunión había una coca de tres litros, un peñafiel de fresa y chicharrones de harina. Pero las sillas estaban vacías. Poco a poco entraron a la sala solo cuatro personas de la cooperativa de reciclaje Pachamama, las únicas que se atrevieron a venir. Está Dulce, que tiene 21 años y nueve meses de embarazo y que está acompañada por su hija mediana y su hijo pequeño. También está Yolanda, que es hermana de Dulce, Montse que es su amiga y Gastón que es solo un compañero. Otros recicladores no se presentaron porque prefirieron asistir al llamado en la plaza. En el tablón de madera hay una boina militar que no es de nadie.

Habla ahora Eladio Abundis, coordinador nacional del Frente Auténtico del Trabajo en este cuarto a la sombra de un hule en un espacio propiedad de la parroquia y prestado para siempre al municipio. A tres cuadras de aquí hay unos cactus grandísimos que están dañados por los lixiviados del relleno sanitario.

- Y eso me parte el corazón, dice Eladio, tocándose el pecho.

- Por eso estamos aquí, apoyando a esta cooperativa gracias a los compañeros del Centro Internacional de Solidaridad Obrera. Por eso anunciamos en la radio esta mañana que vendrían los compañeros técnicos de la Ciudad de México con el compañero reciclador Abel Balderas de Dolores Hidalgo, Guanajuato a platicar sobre lo que están construyendo: un movimiento nacional de recicladores. Porque tenemos que hacer algo sobre esta situación.

Montse y Yolanda nos cuentan que el vertedero de Santa María Coapan inició de manera clandestina en 1993 y comenzó a recibir la basura de la ciudad colindante de Tehuacán. Toda esta zona es la última incursión del matorral xerófilo en el sur de México, una península de mi clima del bajío apretada entre el golfo y el pacífico. Las 17 hectáreas del tiradero de basura están insertas además en la reserva de la biósfera Tehuacán-Cuicatlán. Es la tierra en la que se inventó el maíz y el último reducto de nuestro hermano el cardón gigante, un cacto con forma de candelabro que puede medir hasta doce metros de alto y cuya flor blanca se abre por las noches. Durante 28 años el vertedero fue el lugar de trabajo de decenas de familias recicladoras que incluso pagaban a la junta auxiliar para poder realizar su labor. Es decir, el gobierno les cobraba por hacer un trabajo que le corresponde: el manejo de residuos.

Gastón nos cuenta que hace tres años el tiradero de basura estuvo en llamas por diez meses. Mientras tanto la gente siguió trabajando, recogiendo todo lo que no consumía el fuego y respirando todo lo que producía. Después de casi tres décadas de operación la barranca en la que comenzó el vertedero clandestino era ahora una montaña de tierra incierta y movediza. Un tótem explosivo al final de su vida. Cuando al fin llovió se fue el humo y corrió por todo el municipio una red de ríos negros y a la tierra blanqueada por el sol se le abrieron grietas viscosas.

Esta situación de los incendios también la vimos hace un mes en Santa María Colotepec, Oaxaca, donde las únicas cuatro personas que siguen trabajando en un vertedero prácticamente abandonado también le pagan al municipio una cuota. En la época seca de la selva baja caducifolia de la costa de Oaxaca el ángulo de reflejo de un vidrio roto o un cohete festivo son suficientes para hacer arder la basura por meses. Cuando les preguntamos sobre cómo podían sobrevivir si hace tanto que no llegaba la camioneta a recoger el PET, las personas recicladoras nos señalaron una montaña de fierro achicharrado. Vendemos eso, dijeron.

Cercados por un muro de plástico adherido a los bordes del monte no pude evitar el remolino en el cielo.

- Son mis pollos, los estoy engordando, me dijo don Carlos mirando hacia arriba y con un pie en la única sombra del almendro que plantó mientras una parvada de chulos se mecía en la humareda sobre nosotros.

De vuelta en Santa María Coapan, Yolanda nos cuenta que fue la propia comunidad local la que decidió cerrar el vertedero pero no ha llegado a un acuerdo para la remediación del territorio con las autoridades. Después del cierre las personas recicladoras quedaron a la deriva y por eso formaron la cooperativa. Lo que hacen ahora es recoger en la calle y recuperar los materiales de los nuevos tiraderos clandestinos que se han ido formando en la reserva de la biósfera y sus alrededores. También colaboran con la escuela primaria Cuauhtemotzin donde dan talleres de aprovechamiento de residuos y que a cambio les dona su material reciclable. La niña mediana acaricia el pelo de su madre que se sostiene la panza con las dos manos mientras asiente a lo que dice Yolanda. Es un poco como si estuvieran hablando las dos, Dulce y Yolanda, pero usando ahora solo la voz de una.

Pero es que algo tiene que hacerse para remediar las hectáreas perdidas al vertedero. Después de décadas de enterrar los desechos cárnicos de la planta local de Bachoco (que tantas veces le causaron salmonelosis a las personas recicladoras) en pozos podridos, la interacción de la lluvia y el fuego con toneladas de plástico y muerte son una bomba de tiempo. Con los lodos de la tela de mezclilla que la marca gringa de jeans iba a tirar al vertedero y los desechos médicos de la pandemia que siguen sepultados, el agua que baja del último glaciar del Citlaltépetl hacia Tehuacán no puede seguir su camino limpia. Santa María Coapan alberga entonces los residuos de tres décadas de los municipios circundantes y de sus industrias y la gente del pueblo reporta cada vez más casos de cáncer, sobre todo de leucemia. Así que los niños aquí crecen con la sangre envenenada y la evidencia definitiva del mal manejo del vertedero municipal ha sido maquillada por el incendio.

Estamos tratando de hablar sobre el movimiento nacional de recicladorxs, sobre las ventajas de organizarse en todo el país para fortalecer la capacidad de negociación, de precios con los compradores, y de condiciones de trabajo y eventuales cierres de vertederos con el gobierno.

Afuera un mezquite se divide en ramas y ramitas y parte la luz que le queda hoy a este desierto como si al aire le hubieran salido venas.

Mientras tanto el presidente municipal sigue aullando desesperado por medio de una vocera apática que habla como quien compra fierro viejo. Se le solicita a todas las personas de la comunidad que acudan a la plaza principal a defender al pueblo. Se solicita y en la calle frente a nuestra ventana la gente sigue corriendo.

Santa María Coapan es un territorio indígena que se rige por el sistema de usos y costumbres, por la que la Asamblea es la mayor autoridad. La asamblea designa a un comité de bienes del pueblo que verifica que los recursos del municipio se usen de forma apropiada. El problema es que el comité anterior ha denunciado las malas prácticas del gobierno actual y acusa de ilegítimo al comité nuevo. Uno de los principales puntos de la denuncia es sobre el cierre del vertedero, sus irregularidades y la necesidad de emprender un programa de remediación. Ambos grupos convocaron a una reunión en la plaza hoy miércoles 21 de febrero para mostrar su fuerza y tratar de resolver el conflicto de una vez por todas.

Seguimos hablando. No se escucha nada porque hay alguien vuelto loco repiqueteando la campana. Movemos la boca y nos vemos pero, al menos yo, no entiendo. No debe ser una sola sino varias campanas ¿de qué están hechas las campanas? Ahora el ruido es peor porque se ha sumado una camioneta de perifoneo, asistir a la plaza, asistir a la plaza, asistir a la plaza. Ya nadie entiende, nos volteamos a ver en desesperación. El hijo pequeño de Dulce escucha en su celular la versión de ardillas de todas las canciones para distraerse. Frente a la iglesia un único niño corre como que no pasa nada. Siguen sonando las campanas, que están hechas de bronce, una aleación de estaño y cobre.

La niña mediana se levanta de pronto, se acerca corriendo hacia Yolanda y le susurra algo en el oído

-¿ En serio?- dice su tía en voz alta, casi gritando.

En serio, asiente la sobrina. El ruido sigue subiendo. Yolanda se pone de pie y carraspea.

- Bueno, con todo respeto tenemos que irnos, mi hermana va a tener a su bebé.

En la plaza el Comité de Bienes del Pueblo y Vigilancia de Santa María de la Asunción Coapan se hace de palabras con el Presidente Auxiliar y su Comité nuevo. Desde la ventana de nuestra reunión se puede ver la cima del vertedero.

La parvada de zopilotes que sobrevolaba este pueblo también se ha posado a descansar.

Dimos la bendición a Dulce y luego salimos a prisas ya con el manto de la noche completamente sobre el aire y yo abrazando mis papeles y las notas. En la plaza no se escucha nada ya. Solo nuestros pasos. Ni los tiros que me imaginé ni los gritos de antes ni la campana de cobre ni la vocera indiferente. Toda la gente solo se mira. Abel, Tania y yo tenemos que volver a la ciudad de Puebla para otra reunión con recicladores mañana. Nos esperan horas de carretera en este desierto apagado. El conflicto por el cierre del vertedero no está resuelto. Mientras tanto ese montículo de tierra herida sigue latiendo en gas.

El bebé de Dulce ha nacido en este mundo.

 

Guillermo Schoning Garcia es cronista y técnico del Movimiento Nacional de Recicladores de Base de México. Es Director de Democracia Ambiental de Práctica Lab, donde coordina la vinculación con otras organizaciones y colectivos que tejen la defensa del territorio, el activismo climático y la organización local en las ciudades. Como cronista escribe bitácoras de mundos posibles que ya están emergiendo incluso en las lindes de la catástrofe - retrata a las personas, su tierra, sus tiempos y sus caminos. Co-fundó Otros_, creyendo en la oportunidad de narrar el presente, de entender este momento del Antropoceno y de contar historias que nos permitan imaginar otros futuros ajenos a la desolación asegurada.

Ha escrito en Pacto Verde, Climate Reality y Nexos

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